facultad de contar
Un presbítero cualquiera
Sara L. Gual Fernández - Estudiante de Comunicación Social de EAFIT
 

Pedro Justo Berrio 

Todas las fotos son tomadas del banco de imágenes de la página pública de la paroquia
El Sagrado Corazón de Jesús.

   

Un hombre parado enfrente de casi 200 personas, pronuncia una frase que espera con emoción sus fieles respondan:

“Hágame eso que yo le unto la…” (Y todos los asistentes responden: Manoo)

-Ven, cómo sí saben “Ayúdeme que yo le...” (Ayudo!) “Hagámonos pa…” (sito) y cuando el colabóreme no funciona, sigue el espere que “ Usted no sabe quién soy …” (Yo)

Y diez minutos más tarde, hablando mucho más fuerte dice:

-A ver hermanos, ¿Quiénes de nosotros sabemos dónde expenden droga en este barrio? ¿Quiénes sabemos y nos quedamos callados por no ganar enemigos?, ¿Quiénes nos hacemos los de la vista gorda y los de la oreja mocha, y dejamos que los muchachos se vayan envenenando cada vez más y más, lo importante es que no sea mi hijo, pero si es mi vecino?, ¿qué le vamos a hacer?

Antes de este emotivo y controversial discurso, que en ocasiones incomoda a un porcentaje de los asistentes más viejos, en los que se puede ver el disgusto y en los que se escuchan frases como, “Eso no es pa’ que lo diga el padre”, el sacerdote Pedro Justo Berrío había leído el pasaje correspondiente a ese domingo:

Mateo 5:13: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.

Una vez termina de leer, cierra la biblia grande y roja que tiene en el púlpito y va hacia la mesa del altar, donde toma una Tablet del tamaño de un cuaderno pequeño, con esquinas redondas, a la que no se le ve la marca porque intencionalmente está cubierta con un foro negro (para no hacer ninguna publicidad en su video.) Una Tablet que solo mira cada diez o quince minutos, pero que por la luz que sus lentes reflejan, evidentemente está encendida.

Pedro Justo Berrio

Había dedicado casi 15 minutos a explicar, de una manera amena, la importancia de la sal a lo largo de la historia: la sal era escasa y de gran valor, hubo un tiempo en que las jornadas de trabajo eran pagadas con puñados de sal, de allí viene la palabra salario, la sal conserva, la sal condimenta, la sal es curativa. Pero una vez se adentraba en el tema al que quería llegar, subía gradualmente la voz, y hablaba con cada vez más soltura; ya no estaba detrás del púlpito sino que caminaba por el estrado y hacía énfasis con sus manos:

- ¡Cuando Jesús dice que los hombres somos la sal de la tierra quiere que tengamos todas estas propiedades de la sal y que condimentemos el mundo, sin corrompernos! Porque si la sal se vuelve sosa, ¿con qué salaremos?

Habla de la corrupción colombiana, dice nombres y apellidos, enumera porcentajes y cita a personajes. La mayoría de sus sermones son así, problemáticas nacionales, realidades sociales o cambios de la actualidad, en los que de manera frecuente hace comentarios que muchas veces no aceptan los fieles más conservadores.

Pero por eso mismo, los domingos, día en el que celebra cuatro eucaristías, dos en la mañana y dos al anochecer, intenta ser varias versiones de sí mismo, uno por la mañana para los adultos mayores y sus nietos y otro por la tarde, un poco más liberal, para las parejas jóvenes, los adolescentes y sus padres.

Pedro Justo acepta que la predicación dominical es su mayor reto, confiesa preparar el sermón desde el mismo domingo anterior. Es difícil no mezclar los temas, tomar el significado correcto de la lectura y hablar de él con total conocimiento.

– Hay un peso sobre mí, uno con el que estoy feliz de cargar, no estoy dispuesto a hablar sobre algo que no se, hay mucha gente que me escucha, que me escucha de verdad, y que cambia aspectos de su vida por algo que dije.

En la mañana tiene una tablet pequeña que apenas se alcanza a distinguir en el púlpito, mientras que en la tarde cuelga pendones de lado a lado del altar donde proyecta, en Power Point, los siete puntos que suele explicar en el sermón. Siete puntos que repite cuatro veces al día, siete puntos que él mismo escribe.

Siete, porque es un numero universal, las siete maravillas del mundo, los siete colores del arcoíris, las siete notas musicales, los siete mares, pero sobre todo por su connotación bíblica, el siete es considerado el número perfecto; Dios dedica siete días a la creación del mundo, y Jesús pide perdonar al prójimo setenta veces siete; siente también son los pecados capitales y siete las plagas de Egipto.

Televid (el primer canal católico de Colombia), junto con otro fiel que ha hecho negocio, filma las predicaciones dominicales de la mañana (la censurada). Televid las programa para los seguidores jesuitas, y el fiel, con su cámara semiprofesional, graba para vender CD’s. En una esquina de la iglesia se hace una mujer de falda en mesa llena de discos con las predicaciones del domingo anterior.

- Uno solo cuesta 10 mil, pero si compra las tres predicaciones anteriores, le vale 15 mil.

Cinco minutos antes de acabarse la misa, justo antes de la bendición final, ya se puede ver la fila de compradores. Asisten tantas personas que la fila para comulgar puede demorarse entre 10 y 15 minutos, cuando normalmente se canta una canción para acompañar la procesión de la comunión, aquí se pueden cantar tres.

La parroquia de Pedro Justo se llama “El sagrado corazón de Jesús” y está en medio de un barrio naranja. Son 25 torres, de cinco pisos, con cuatro apartamentos por cada nivel, construidas desde hace 42 años, y que son exactamente iguales, hechas completamente de ladrillos. Señorial, (el barrio de Envigado donde está ubicada la parroquia) exceptuando las urbanizaciones relativamente nuevas de 10 ó 12 años que fueron construidas por empresarios que ofrecen a nuevas familias de estrato medio, la oportunidad (por un alto valor) de vivir en el sur, se puede considerar un barrio de calles verde y naranja, con amplias zonas para la vegetación, limpias y bien arborizadas, que contrastan solo con el naranja de los edificios.

Esta unidad abierta de edificios, puede albergar más de 2300 personas. Actualmente es un barrio de estrato medio, casi alto, pero fue en principio construido por la Alcaldía de Envigado, aquel ostentoso municipio de finales de los años setentas, que manejaba el dinero suficiente para hacer por cuenta propia construcciones de esta magnitud, entregaba estos apartamentos familiares como Interés Social a las personas de más escasos recursos, pero con el paso de los años estos habitantes originales emigraron a tierras menos apetecidas por el mercado, y ahora el barrio tiene calles perfectamente pavimentadas y árboles podados de una manera impecable. Aquellas edificaciones pensadas para un estrato diferente tienen solo parqueaderos a cielo abierto donde normalmente se ven Corollas y Sanderos, pero los domingos hay un desfile de Dusters, Tx y “burbujas” que parquean lo más cercano a posible al templo. Personas que todos los domingos vienen para asistir a las predicaciones, que quizá lo siguen desde la asignación de la parroquia anterior, San José de Nazaret, en la Loma del Indio o de pronto gente que llega por un voz a voz, no de un hombre milagroso, pero sí devoto, que comparte muy buenos sermones.


Pedro Justo es un hombre alto y de contextura promedio, es de pelo corto, pero abundante, y no esconde sus prematuras canas. Tiene una marcada indecisión con su barba, un mes se le puede ver totalmente afeitado, luciendo sus mofletes (porque siempre se anda riendo) y los dos hoyuelos que se le hacen al sonreír, y al otro tiene una barba perfectamente delineada, con parches de canas que parecen perfectamente distribuidos por toda la barba. Es muy cuidadoso con su aspecto físico, y cuando no tiene puesta toda la indumentaria eclesiástica, viste de manera muy discreta, siempre con pantalón de dril. Tiene un acento bastante extraño, es antioqueño pero tiene una entonación algo mexicana, muy neutral y locuaz, usa gafas de lentes pequeños y alargados, con un marco muy ajustado a su cara, poco vistosos y de aluminio, tan delgado como una mina cero punto siete.

Es un hombre muy solicitado y bastante querido, es capellán del colegio Marymount, presentador de La Hora Santa en TeleVid y sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín desde hace 22 años.

Ninguna de las parroquias por las que ha pasado tiene una sola queja de este personaje, exceptuando viejitas que en ocasiones se escandalizan con alguna grosería o expresión que en momentos de euforia menciona. Diría yo, que esa es una de las razones por la que lo siguen: es ejemplar pero real. Es humano.

Solo por averiguar, un día cualquiera fui a su despacho, donde me atendió Irma, su secretaria privada, y pregunté si para el mes siguiente el padre podría celebrar un matrimonio, la respuesta de su muy amable secretaria fue que tendría que esperar casi un año, pero que hablara con el padre, que ya varias veces había celebrado matrimonios conjuntos, o que me pegara mucho a Dios porque siempre existe la pareja que se arrepiente.

Fue el primer sacerdote antioqueño en montar, de forma particular, los videos de sus sermones a YouTube, y tiene cientos, por no decir miles, de visitas. No es viral y aún no le pagan por su contenido, pero esto fue un gran adelanto para la iglesia católica, esa que aunque no parezca, compite con las muy elaboradas y emocionantes conferencias evangélicas y los modernos reguetones cristianos, casi, perdiendo la batalla. En las eucaristías de Pedro Justo, no se cantan canciones nuevas y tampoco se le pone ese fondo tropi-pop, con el que los padres suelen animar a los asistentes a aplaudir. Nadie se desmaya, nadie grita, y cuando suena “Gloria” solo las viejitas cantan, pero aun así todas las bancas están llenas, sin importar si son las siete de la mañana o las seis de la tarde, para todas las horas hay público y no solo el que la iglesia puede albergar sino incluso más, adentro hay gente parada, a los lados, en la puertas, en las escalas de la entrada, incluso en el corredor del medio suelen sentarse jóvenes en el suelo y en ocasiones la iglesia está tan llena que el padre admite que se sienten en las escaleras del púlpito.

El primer video que puedes ver al entrar a su perfil en YouTube, es la explicación del por qué, él, un presbítero cualquiera, como él mismo se autodenomina, monta aquel contenido a internet. Es allí, en ese minuto catorce segundos, donde uno como espectador se pregunta, ¿dónde fue educado este hombre? y ¿por qué no hubo más sacerdotes de esa promoción? O si los hubo, ¿dónde están?

Pero él no tuvo una educación normal, o por lo menos no desde su casa, cada vez que menciona a su padre, fallecido hace menos de un año, recuerda a un hombre rígido y exigente y cuando se refiere a su madre, que de vez en cuando asiste a sus misas, la describe como una mujer dulce pero recta, muy religiosa. Porque los Berrío Bolívar son una estirpe religiosa, tiene tíos y primos dedicados a una vida acética y su hermana mayor, Noralba Berrío, tiene un doctorado en teología y es una monja franciscana, que desde hace años es la rectora del colegio La Inmaculada, de Itagüí, y de vez en cuando es profesora en la Universidad Pontificia Bolivariana.

El video más visto de su página tiene 12,541 visitas y el tema que allí expone ha sido lo que lo ha llevado a decenas de auditorios e iglesias, y se llama: Inteligencia espiritual. Es un sermón donde Pedro Justo explica la espiritualidad, incluso con referencias científicas, como la de las Inteligencias múltiples, del psicólogo estadounidense Howard Gardner, donde asemeja la inteligencia intrapersonal con lo que él llama la inteligencia espiritual.

Lo que define como: La capacidad para entender la realidad con una perspectiva trascendental, profunda. Durante 40 minutos sin mencionar la palabra pecado, ni Jesús, sin interponer la misa de los domingos, Pedro explica que esta capacidad se obtiene cultivando siete aspectos de la vida, y no se necesita ni siquiera ser católico.

-Cultive capacidad de ser feliz pese a la circunstancias (que los sucesos no determinen tú vida), cultive su capacidad de amor universal (trata a todo ser humano con cordialidad), cultive la capacidad de enfrentar dificultades, ( lo que no se enfrenta no se resuelve), cultive la capacidad de ser independiente y autónomo (para que nadie le manipule afectivamente), cultive su conducta ética ( haga las cosas correctamente, para que pueda dormir tranquilo), cultive la relación desde el ser (quiérase por lo que es), por último, después de todo esto aprenda a descubrir el ¿para qué? De todo lo que le pasa, y su vida nunca carecerá de sentido.

Y entre comillas puede decirse que esto sí concuerda bastante con lo que describe Howard Gardner sobre la Inteligencia intrapersonal, es la misma capacidad de acceder a sus sentimientos y emociones y reflexionar sobre éstos. Esta inteligencia también les permite ahondar en su introspección y entender las razones por las cuales uno es de la manera que es.

Hace ocho años, cuando Pedro Justo aun no tenía 7517 suscritores en YouTube, Rubén Darío Barrientos un periodista antiqueño escribió, en el periódico El Mundo toda una columna sobre él, que se titulaba: “Necesitamos más Pedro Justos”, como si el titulo ya no dijera suficiente, los siguientes cinco párrafos son una cuadrilla de halagos hacia un hombre cualquiera que hacía bien su trabajo. “Pondero al padre Pedro Justo Berrío, por sus excelsas predicaciones llenas de contenido y realidad. Su estilo es casi hipnotizador, por su inteligencia y su derroche de casuística. Se ha convertido en todo un líder de comunidad. Y es que muestra que en cada homilía prepara el tema con suma responsabilidad”.

Pedro Justo Berrio

Doña Pilar Hernández, una fiel asistente y amiga del padre recuerda una vez haberse confesando, diciéndole a Pedro que él era la razón por la cual se había acercado a Dios, exaltando sus habilidades para llegar a la gente, a lo que Pedro Justo respondió: “Los sacerdotes son como los profesores, hay unos que te enseñan mucho y otros que pueden ser mediocres y confundirte, pero eso no significa que la materia sea mala o que debas dejar de cursarla, esto es una profesión, y hay profesionales buenos y malos, el hecho de ser sacerdote no te hace predilecto, ni superior, somos personas comunes y corrientes.”

Y quizá tenga razón, el hecho de que se dedique a una profesión que represente a Dios, no le quita la parte humana, y como en todos los campos de la vida hay buenos y malos expositores.

Algo que no dijo doña Pilar, algo que probablemente pensó al igual que yo y que muchas otras personas, es que la constante de “malos sacerdotes” ha hecho que la actualidad pierda la fe.

 

 

 

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