historias / perfiles
Humildad y alegría al Cuadrado
Guillermo Zuluaga

 

 


   

La que terminó fue una semana pródiga en resultados positivos para nuestros deportistas allende las fronteras. Y en medio de noticias de pedalazos y embalajes donde nuestros escarabajos tampoco son ya novedad, se filtró desde tierras itálicas la nueva del campeonato de la Juventus; y en el onceno triunfador de la Vecchia Signora sobresalía la alargada figura de ébano del colombiano Juan Guillermo Cuadrado.

Nacido en el Urabá antioqueño, Cuadrado es uno de los futbolistas más triunfadores de los últimos años en Colombia. Fue ídolo en su corto paso por el Deportivo Independiente Medellín y desde muy joven viajó a Europa, donde ha sido figura en Inglaterra, en Italia y por supuesto es uno de los siempre convocados a la Selección Colombia en el último lustro. Quizá no sea el jugador de los goles de ensueño —aunque también los hace— o de los pases más letales —que también—. Pero a cada entrada a la cancha, Cuadrado parece rendir al cuadrado, y deja su estela de sacrificio, de compañerismo, de alegría en el rectángulo de juego.

Quizá por ello, este futbolista nos represente como país. Su mirada, un tanto taciturna, seguramente nos identifique desde el drama: su origen humilde bien explica esa periferia colombiana que solo aparece en los medios en momentos de tragedias naturales o por el conflicto armado. Claro que a Cuadrado no le gusta que se le mire desde la conmiseración. Contrario, siempre ha pretendido contar más sus principios como una forma de reafirmar su identidad y de tener presentes esos lugares y esos momentos que lo forjaron como ser.

En la Selección Colombia o en cualquier equipo que integre también nos representa desde la comedia. Desde la alegría. Cuadrado es el jugador diferente: el de los enganches vistosos, el de los desbordes, el de los quiebres de cintura —y sí que tiene cintura—, el de los pases impensables. El de las gambetas atrevidas, el de las cabriolas, el de las palomitas, el que intenta chalacas… Cuadrado, fiel a esas tierras caribes, de brisas cálidas, de vientos, de horizontes en lontananza, de cumbias, de bullerengues, de vallenatos, de champetas, de salsa-choque, en cada momento en la cancha trata de influir a los compañeros o a los hinchas, esa energía que llevan adentro y que trasmiten almas nobles como la suya. Valga verlo celebrar un gol propio: baila y contagia. Y si el gol es de un compañero, lo abraza y le sonríe con esa sonrisa de mil dientes. En Cuadrado no aparece la envidia; sabe que el triunfo de sus compañeros es el triunfo del equipo todo.



Por ello entonces, Cuadrado puede representarnos perfectamente como Nación: es triunfador, anhela grandes metas y por eso a cada momento sabe que se está jugando el resto de la vida, en tanto sabe que lo suyo —como jugador venido de tierras humildes— no son derechos adquiridos sino luchas alcanzadas, sueños por reconquistar y revalidar a cada momento.

Y a más del deportista Cuadrado también podría representarnos en cuanto a su comportamiento más allá de los gramados. Desde que llegó a Medellín, proveniente de Necoclí, hasta su reciente Scudetto con la Juve, nunca ha protagonizado ni se ha visto envuelto en un escándalo: jamás un accidente de tránsito, nunca unos tragos de más —no consume licor— nunca unas fotos salidas de tono con alguna modelito con ansias de fama. Lo suyo es el fútbol, su madre, su hermanita; sus ritos religiosos.

Y de encima: Cuadrado nunca olvida su esencia: y no solo para envolverse en la bandera tricolor cuando se corona campeón en el exterior: Cuadrado tiene una fundación desde la cual ayuda a niños de escasos recursos y apoya una más donde se forman chicos con sueños de ser futbolistas y donde se les inculcan valores cristianos. Su credo, al fin y al cabo.

Cuadrado ya inscribió su nombre en la historia del Medellín —donde se hizo ídolo—; en la Juve, uno de los equipos más grandes del mundo; en nuestra Selección Colombia, donde desborda y deja sin cintura a los defensas. Y mañana puede consagrarse campeón de Europa. Y si bien en ese gramado estará otro colombiano –ese sí, bendecido un poco más por el Dios Marketing—, seguramente cuando Cuadrado entre a la cancha muchos estaremos pendientes de sus jugadas y torceremos por ese merecido título. Aunque James también se lo merece, ya lo logró. Ahora esperemos sea para Cuadrado: se lo merece este país que necesita referentes como él. Se lo merece él, claro está.


 

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